CategoríaInnovación

Basta cambiar un 10% de tu ADN

No nos engañemos, conseguir hacer cambiar una organización es tarea ardua y complicada. A tal punto que en realidad, la mayoría de las organizaciones no cambian salvo que estén en situación de grave crisis. En ese momento, se activa el cambio. Cambio por la supervivencia y centrado en los recortes. Sin embargo, ¿no deberíamos entrenar el cambio positivo?. El cambio orientado a hacer de la nuestra una organización innovadora que vaya creando sus propias opciones y recursos cuando las cosas están bien.

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Innovar en la Pyme: Ilusión, Incertidumbre y Riesgo

Esta semana he llevado a cabo un muy interesante taller de innovación de nuevos negocios con algunos empresarios con un par de décadas de experiencia en esto de pagar nóminas, arriesgar su dinero, buscar nuevos clientes y construir y liderar equipos. Una vez más, creo que más que enseñarles yo, he aprendido mucho: ¿cómo afronta el empresario de empresa pequeña la innovación?.

Emprendedor por cuenta ajena

Hace poco escribí un artículo titulado “Cuatro pertrechos para un (intra)emprendedor” que ha tenido bastante éxito. Supongo que es porque el tema del emprendizaje es uno de los temas de moda, conjuntamente con la innovación. Casualmente, ambos temas están unidos en el caso de la gran empresa, puesto que son los intraemprendedores quienes llevan a cabo la necesaria innovación.

Sin embargo, me he dado cuenta de que no debemos hablar de intraemprendedores. Este término es excesivamente cursi. Creo que es mucho más correcto hablar de emprendedores por cuenta ajena..

Rompiendo la hucha y ¡que corra el aire!

¿Cómo conseguimos refrescar las ideas en una organización?. Creo que todos estaríamos de acuerdo en que hay que conseguir que esto ocurra. Es por la misma razón por la que ventilamos las casas por la mañana o podamos los árboles en el otoño. Eliminando un poco el peso, renovando y cambiando algunos de sus componentes, conseguimos que el conjunto tenga más fortaleza y vigor. Ahora bien, existen dos formas de conseguir esto. La más obvia es desde fuera: la poda. Pero os propongo otra idea para conseguirlo, también, desde dentro, desde el lado intrínseco y motivacional.

La discontinuidad estratégica de las redes 2.0

¿Cuál es realmente el impacto estratégico de las redes sociales?. ¿Acaso tiene alguno?. Quizá tu seas de los que creen que todo este 2.0, 3.0 y sucesivos que nos cuentan es poco más de una moda pasajera en la que se han aliado convenientemente los de los departamentos de tecnología con los de marketing (una conjunción de los astros, vamos, porque es bien sabido que los de ambos departamentos nunca se alían con nadie). O quizá seas de los que piensan que esto va más allá de una simple moda y tiene más que ver con un cambio de paradigma.

3 errores comunes en innovación y cómo corregirlos

En cada organización a la que me aproximo para hablar de innovación, me encuentro siempre el mismo tipo de reacción a lo largo de los primeros veinte minutos de conversación: un claro interés y emoción (del tipo “continúa, continúa, esto me interesa”) seguido de un repentino desplome emocional (“buff, yo no veo como vamos a ser capaces de hacerlo”). Y es que poder entrar en una dinámica de innovación sistemática a largo plazo tiene un coste alto de esfuerzo inicial. Podemos bajar ese nivel de esfuerzo si consideramos a priori tres de los errores más comunes que observo a la hora de poner en marcha proyectos de innovación.

Cuatro pertrechos para un intraemprendedor

Conozco dos tipos de emprendedores: aquellos con una vocación temprana y los que tienen la vocación tardía. Los primeros son suficientemente inquietos como para salirse del carril establecido (al menos en nuestro país) de estudiar el máximo número de años posible para luego trabajar para otros y toman el atajo de estudiar menos años y lanzarse a establecer una iniciativa empresarial con mayor o menor éxito. Las razones son muchas, (y darían para una tesis doctoral), pero fundamentalmente por tres motivos:

Patentes: ¿tienen sentido en un mundo abierto?

En cualquier charla, presentación o reunión en la que hablamos de innovación por primera vez, siempre hay que hacer una aclaración para fijar un lenguaje común con una audiencia que aún no esté inmersa en la dinámica de la innovación: no es lo mismo tener una idea (creatividad) que llevarla a la práctica (innovación) creando algo de valor. En esa distinción, siempre insistimos en que, aun valorando la importancia de las ideas, la creación de valor tiene mucho más que ver con el 99% de perspiración que con el 1% de inspiración. Por eso, yo me pregunto: ¿Tiene algún sentido patentar una idea?.